Andrés Pallaro

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El talento es el hombre en libertad, nace en cualquier persona que se sienta capaz de volar con sus ideas...Luis Alberto Spinetta
Escrito por Andrés Pallaro | abril - 24 - 2011

Gran parte de la historia de la humanidad se ve reflejada en la historia de la producción y el trabajo, es decir las maneras en que las personas se han ido relacionando para producir bienes y servicios en la economía.

Siempre me atrajo el funcionamiento de las organizaciones, donde supuestamente algunos mandaban y otros obedecían. He pensando mucho si esto era natural, es decir si era inevitable que patrones y empleados fuera el binomio necesario de toda ecuación laboral. Y si no había algo más importante que ello.

Ha habido grandes autores que ilustraron el tema. Especialmente el legendario Karl Marx, que ha sido tan mal usado por hordas de comunistas deseosos de poder. Básicamente Marx describió la indigna condición de los trabajadores de la revolución industrial, que hacían sus tareas en condiciones de explotación dejando en manos de inescrupulosos empresarios la “plusvalía” de su trabajo, es decir todo el excedente que no se les remuneraba correctamente. El fue pionero en expresar que el trabajador era un ser alienado en un sistema que sólo lo consideraba un mero engranaje.

Marx marcó un antes y un después en el tema. Vinieron luego el desarrollo de organizaciones obreras, sindicatos, partidos socialistas, movimientos anarquistas, etc. Todas expresiones de la dignidad y los derechos del trabajador frente a la presión de un capital que, sin límites, suele mostrar su peor faceta.

Todo ello fue generando progresos visibles para la vida de los trabajadores, como el descanso dominical, las vacaciones pagas, la cobertura médica, el pago de horas extras, etc. Y ello ha sido muy positivo. Pero la organización del trabajo continuó representando una dinámica bastante tradicional, esto es jefes que definen, mandan y controlan, por un lado, y trabajadores que acatan, ejecutan y son controlados, por otro. Con más derechos, con más dignidad, con sindicatos, pero el patrón de organización ha seguido siendo el mismo, propia de una visión de la administración más burocrática y mecanicista, donde la relación capital – trabajo siempre es un foco de disputa y tensión.

Este modelo está agotado. Creo que siempre ha sido contrario a la naturaleza humana, pero en un mundo que se movía a una velocidad mucho menor, era admitido y hasta necesario. Hoy, empresarios y empleados deben ser parte de una “comunidad de trabajo”, no regida por las jerarquías, sino por la sintonía de trabajar juntos, entendiendo que el hecho de que algunos sean dueños o gerentes y otros empleados son sólo “circunstancias temporales”, y que es el talento humano la principal ventaja competitiva de las empresas en nuestro tiempo.

Y aquí creo que está la cuestión central: las regulaciones y leyes para dignificar al trabajador ya cumplieron su misión histórica. La nueva reivindicación de los trabajadores no vendrá por pedidos de la CGT, las metidas de pecho para participar en las ganancias empresarias o los arrebatos de cuotas de poder sindicales. En cambio, poner a los trabajadores en el espacio de “comunidad” con los empleadores que se merecen y los tiempos demandan, vendrá por la revolución de la administración, las nuevas fórmulas del trabajo horizontal y el creciente poder de los trabajadores que eligen donde volcar su talento y cuanto de su capacidad entregar en el ámbito donde están.

Entiendo que esta nueva realidad se va produciendo lentamente. Es mucho más visible en empresas de tecnología y puestos laborales más calificados, pero también es un patrón que se va configurando en las industrias y en la base de la pirámide. Es mucho más fácil que los empresarios pueden dejar de serlo y los trabajadores puedan convertirse en emprendedores. Solo puede haber entre ellos una comunidad de trabajo mientras la misma les convenga y los entusiasme. Se acabaron los mandatos.

Que puede, a mi criterio, hacer un emprendedor / empresario para errarle lo menos posible en este ámbito. Primero, reconocer esta tendencia infrenable y luego al menos lo siguiente:

- Dedicar gran parte de su tiempo a convocar, crear y desarrollar el equipo humano. El riesgo emprendedor es hermoso e irreemplazable, pero el equipo es su socio ideal.

- Bajar la ansiedad de los controles y crear espacios de libertad dentro de las organizaciones. Al principio puede ser caótico, pero luego aparecen las ventajas de dejar que la gente haga.

- Generar contextos de relaciones enriquecidas con su gente: diálogo permanente, sesiones estratégicas, metas, remuneraciones especiales, etc. Todo lo que salga de los cánones, que construya relaciones más granulares, que ponga a la gente ante constantes desafíos, es positivo.

- Aprender juntos con los empleados acerca de la gestión y las maneras de optimizar el trabajo en el día a día. No hay consultores que reemplacen esta dinámica de ir creando juntos, sin aferrarse a títulos ni jerarquías.

- Poner premisas claras y pedir compromiso con ellas. Especialmente en la idea de que se acabó la ecuación lineal de horas a cambio de plata. La gente debe ganar bien, pero no solo lo que la Ley dice, sino cada vez mas lo que cada uno vale. El crecimiento de las remuneraciones de la gente vendrá por las mejoras en productividad, por los saltos de desempeño, por demostrar que “se es más de lo que se era antes”.

Hay mucho más para decir, pero aquí está el corazón de lo que pienso. La relación empleadores – empleados ya ha tenido todas las mejoras de grado que la dignidad humana exigían. Ahora, las verdaderas mejoras cualitativas vendrán por una nueva organización de la gestión para “agregar el trabajo humano”, bajo relaciones más abiertas, dinámicas y menos guiadas por las burocracias de las normas y los controles.

El sueño de Marx es posible, pero gracias a Dios no por la desaparición de la propiedad privada, que es el motor del desarrollo, sino por algo más fuerte y silencioso: la naturaleza humana liberada. Empleadores y empleados se necesitan mutuamente, los roles pueden invertirse en cualquier momento y la “comunidad” de trabajo que pueden crear es una responsabilidad mutua y la base de las nuevas ventajas competitivas.

Pobre Marx, gran tristeza tendría si viera lo que políticos y sindicalistas hicieron en nombre de sus ideas. Emprendedores y trabajadores podemos darle una grata sorpresa.

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